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Camille Fournier

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Camille Fournier

Mensaje por BlackBass el Sáb Feb 06, 2016 2:27 am

Camille Fournier



Camille Fournier


Personalidad: Camille podría describirse como una constante mezcla entre optimismo y malas pulgas. Por lo general es amable y voluntariosa, con buen humor y bastante expresiva. Su optimismo la mantiene motivada y decidida incluso durante las tareas más arduas (o directamente imposibles).
Posee un idealizado sentido del honor y la justicia, propio de quien ha pasado gran parte de su niñez leyendo historias de caballería. Piensa en la bondad como un deber de toda criatura inteligente, más que una virtud. Esto la lleva a despreciar rápidamente a las personas malintencionadas o simplemente displicentes.
No tiene demasiada tolerancia a las burlas de quienes no considere amigos, siendo probablemente la forma más rápida de llegar al límite de su paciencia.



Apariencia: Una joven mediana de estatura y complexión promedio para su raza. Sus facciones son dulces y expresivas, lo que la hace ver más adorable que imponente (algo que ella detesta). La mayor parte del tiempo va embutida en una armadura de cuerpo completo, con su escudo y maza a la espalda.


Historia:

 No era un buen día para Camille. Muchas veces se habían reído de su estatura, pero era la primera vez que calaba tan hondo en su orgullo.


 Desde pequeña, todo lo que había deseado era convertirse en una “caballera” para luchar por la justicia y defender a los débiles. En cuanto aprendió a leer, empezó a devorar libros con historias de caballería hasta hacerse adulta, quedando totalmente convencida de que no estaba hecha para ser cocinera (como su padre) ni enfermera (como su madre). Ella había nacido para empuñar una espada, armada de ideales y virtudes… O al menos esa era su convicción.


 Sin embargo ahí estaba, con una coraza de tamaño humano que le llegaba hasta las rodillas y arrastrando una espada larga y un escudo grande. Realizaba las pruebas para ingresar al ejército Real en Puerto Azul, y eso a los soldados de reclutamiento les estaba resultando totalmente hilarante. Intentaba lanzar golpes a los estafermos y bloquear los golpes de retorno, sin lograr ninguna de las dos cosas.


 Cansada, magullada y dolida en el orgullo, no se dio cuenta de que las risas acabaron abruptamente.


 Baltymer, un caballero del Bastión del Valor, se encontraba al interior del cuartel discutiendo directrices con el capitán a cargo. Al oír el bullicio de las risas, decidió salir a echar un vistazo.


 Los soldados del cantón se formaron marcialmente para saludarle, olvidándose al instante de la mediana. Baltymer devolvió el saludo con una leve inclinación y empezó a recorrer el patio del cuartel con la vista. Su mirada se encontró simultáneamente con la de Camille, generándole una casi imperceptible sonrisa de empatía.


 Camille alzo las cejas y abrió la boca, absolutamente sorprendida. Nunca había visto a un caballero de verdad tan de cerca. Saltó como resorte, olvidando todo el dolor y la humillación, y se cuadró marcialmente para saludarle.


 El caballero se acercó a la pequeña mediana a paso tranquilo, pasando entre los soldados que se apartaban con rapidez para abrirle paso. Cuando se detuvo frente a ella, Camille pudo sentir un abismo en su corazón. Si bien su expresión era calmada y cálida, Baltymer era un hombre enorme, cubierto por una armadura acorazada que a su vez era envuelta por pieles, dándole un aspecto totalmente imponente. Sus facciones eran curtidas, y su barba cerrada y algo canosa no hacía nada por atenuar su dureza. Realmente su mera imagen hubiese sido capaz de impedir cualquier delito, cualquier acto de maldad… El poder de su presencia era suficiente para generar dudas en cualquier persona de intenciones incorrectas. Era un avatar de la justicia, en toda regla.






Sir Baltymer de Farengarth, Caballero del Valor



 La pequeña mediana entendió súbitamente las risas de los soldados. Entendió que lo que la separaba de la caballería no eran solo algunos centímetros de estatura… Era muchísimo más que eso.


 Su expresividad natural probablemente la traicionó en esa ocasión. Su rostro reflejaba perfectamente la profunda y desesperada tristeza que la inundó de golpe.


 El caballero la miró, ladeando ligeramente la cabeza mientras trataba de entender la variación anímica de Camille. Pasó de la sorpresa a la emoción y luego a la más profunda tristeza.


-“Mi nombre es Baltymer, ¿Me dirías el tuyo?”- Su voz concordaba perfectamente con su imagen: Grave, calmada y potente a la vez.


-“…Camille… Señor…”-


-“¿Hay alguna razón que justifique tanta tristeza, Camille?”-


 La mediana lo quedó mirando, algo confusa por la pregunta. La verdad es que no sabía qué responder… Sabía perfectamente por qué estaba triste, pero sentía que hablarle de esas niñerías a alguien tan imponente hubiese sido casi ridículo. Trató de sonreír, pero la sinceridad de sus emociones se lo impidió. Baltymer la seguía mirando con toda la calma del mundo, dándole tiempo para pensar y responder. Probablemente lo primero era lo que buscaba el caballero.


 Sus manos se hicieron un lío tratando de quitarse la coraza, ya cansada de verse ridícula. Cuando lo logró, dejó ir un suspiro y volvió a mirar al caballero. Pensó que era totalmente legítimo sentirse triste, y que las razones no eran niñerías si para ella eran importantes. Buscó las palabras para explicarle a Baltymer, pero no pudo ordenarlas en su cabeza. Se sonrojó ligeramente, recordando que llevaba varios segundos sin responder…


 El enorme hombre, que había estado presenciando el arcoíris de emociones que eran las facciones de la mediana, decidió tomar la palabra, como si no hubiese necesitado más explicaciones.


-“¿Qué piensas que es lo más importante para un caballero?”-


 Nuevamente la descolocó. A cualquier otra persona le hubiese respondido un discurso larguísimo sobre honor, justicia, ideales, virtudes… Pero al frente no tenía a cualquier persona, tenía a un caballero de verdad. ¿Qué podía responder ella que no fuese algo que él ya sabía mil veces mejor? ¿Qué podía decir que no la hiciera lucir como una niña tonta? ¿Y si se equivocaba? Ella aspiraba a ser una “caballera” algún día, y se fue llenando de angustia al sentir que ni siquiera era capaz de definir realmente lo que significaba ser una “caballera”.


 Decidió que no podía quedarse callada nuevamente ante esta nueva pregunta, así que resumió todo lo que se le vino a la mente y lo dijo con inseguridad:


-“Ser una buena persona…”- En cuanto terminó la frase, se sintió como la persona más tonta del mundo. Sonrojada, pudo sentir el peso enorme que significaba no sólo la mirada de Baltymer, sino también la de todos los soldados que presenciaban la escena. Pensó que seguramente se estaban aguantando a duras penas las carcajadas por la profunda tontería que estaban viendo. La vergüenza la hizo levantar los hombros, como buscando escondite.


 Baltymer asintió, y añadió:


-“Así es. Eso basta para ordenarse caballero.”-


-“¡Imposible!”- Respondió la mediana casi al instante, para asombro de los soldados y de ella misma. Baltymer esperó un par de segundos antes de continuar.


-“Definir lo que es posible y lo que no… Eso es misterio de dioses, Camille. Los mortales sólo tenemos ideales, sangre y voluntad. La posibilidad o imposibilidad nos debiera resultar irrelevante.”


 Camille lo quedó mirando, primero con los ojos achinados y luego abiertos de par en par. Recordó distintos libros de caballería, donde el héroe olvidaba las probabilidades; Olvidaba “lo más sensato”; Olvidaba las adversidades y hacía lo que su corazón le dictaba. Algunas veces tenía éxito y algunas veces no, pero eso nunca le resultó interesante. Lo que le resultaba interesante era la determinación casi divina que poseían, con la certeza inquebrantable de que estaban haciendo lo que debían. Recordó una frase favorita de sus libros, y se le escapó entre los labios en forma de murmullo…


-“…Fuera del alcance de la derrota está quien defiende un ideal contra todo pronóstico, porque su lucha es una victoria en sí misma.”-


 Baltymer asintió levemente, orgulloso de haber acertado al leer correctamente el tren de pensamiento de la mediana. Sabía que había logrado ayudarla a despejar las dudas que nublaban su corazón, liberándola de sus angustias.


 Tras la breve conversación, el poderoso caballero se retiró en la misma calma que lo rodeaba cuando llegó, pero con una victoria más en su haber. Al fin y al cabo, no todas las batallas se luchan con una espada, y no todos los rescates involucran terceros.



 Una sonrisa lo acompañaba en su trayecto, fruto de la esperanza de que la joven mediana no le devolviese la mano a él en el futuro, sino al Reino.

BlackBass

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